Ha pasado 40 años desde que un grupo de amigos, integrados en la Agrupación Deportiva Prado, decidió fundar el Club Deportivo Ariznabarra.

La década de los 70 había comenzado a andar cuando Jesús Ortiz de Martioda y otras
personas ligadas al mundo del fútbol decidieron poner en marcha el proyecto de un club que dio sus primeros pasos en la categoría infantil, a través del equipo Prado-Ariznabarra.El grupo de niños con los que trabajaba el pro­pio Ortiz de Martioda, entrenador del equipo, fue el embrión de una escuadra juvenil con cuya formación el Ariznabarra acabaría desvinculándose del Prado. En esos inicios fueron necesarias las 54.000 pesetas que el entonces alcalde de barrio, Víctor Alvarez Abecia, destinó a las actividades deportivas de sus vecinos. Ese dinero sirvió para equipar al nuevo club, misión encomendada a Venancio Aguirre, y para aglutinar en torno al Ariznabarra otra sección deportiva, la de balónmano masculino y femenino, surgida a propuesta de varios integrantes del Club de Montaña Orisol.

Los primeros años de existencia del Club transcurrieron a caballo entre el campo del fútbol del Seminario, terreno de juego de los juveniles, y la campa de entrenamiento, entonces situada frente a la Iglesia de San Pablo, donde se entrenaba y jugaban partidos amistosos. “Un tiempo era jugar cuesta arriba y el otro cuesta abajo”, recuerda Jesús Diez. La sala de la calefacción de la propia parroquia servía de vestuario y de secretaría. Por entonces, llegó al equipo infantil un niño de doce años llamado Peio Uralde que con el paso del tiempo terminaría convirtiéndose en el futbolista más carismático salido del club celeste. “Se presentó junto con Arteaga. Los dos llegaron con pantalón corto. Yo les dije que no podía ser así, que tenían que venir con pantalón largo, como los demás – rememora Jesús Ortiz de Martioda-. Siendo los más jóvenes del equipo, eran de lo mejorcito”

 

Uralde, Antúnez y Toquero , un trío de ases

Peio Uralde, Gaizka Toquero y Antúnez forman parte de la historia del Club Deportivo Ariznabarra. Son deportistas triunfadores, forjados en las categorías inferiores del Club, han sabido aupar­se a lo más alto del deporte nacional, Uralde y Toquero como futbolistas y José Ignacio Martínez Antúnez como boxeador.
Uralde inició su meteórica carrera en el equipo infantil del Ariznabarra. “Lo clásico, en él.
Si Peio Uralde y Gaizka Toquero triunfaron como futbolistas, no se puede decir lo mismo de José Ignacio Martínez Antúnez, otro de los grandes deportistas salidos del Ariznabarra, que decidió cambiar las botas de fútbol por los guantes de boxeo.
Antúnez también empezó a jugar al fútbol como infantil en la escuadra celeste, aunque posterior­mente, con dieciséis años, se inclinó por practicar el deporte de las doce cuerdas. “Había dejado el fútbol hace un año porque mi padre quería que estudiara, mientras que yo sólo deseaba trabajar. Como iba a Jesús Obrero, no podía entrenar, así que dejé el Ariznabarra. Pero con dieciséis años empecé a practicar el boxeo porque había gente en la cuadrilla que también lo hacía”.

 

Del Seminario a Ariznabarra

A lo largo de estos cuarenta años de historia del Club Deportivo Ariznabarra, tres han sido los terrenos de juego donde sus equipos han desarrollado su actividad futbolística: la “campa de entrenamiento”, el Seminario y el actual campo de fútbol del barrio, situado entre las calles Ariznabarra y Etxezarra.
Antaño, frente a la Iglesia de San Pablo, existían unos terrenos que fueron escenario de encuentros amistosos y de entrenamientos de los primeros equipos con los que contó el Club. Era la “campa de entrenamiento”. Asimismo, allí se podían ver los típicos partidos de solteros contra casados que habitualmente se jugaban en las fiestas de Ariznabarra, además de los enfrentamientos que protagonizaban equipos de barrio. El cuarto de la calefacción de la parroquia servía de vestuario y de secretaría.
Con el nacimiento de la escuadra juvenil del Ariznabarra, surgió la necesidad de buscar un terreno de juego propio. Los infantiles jugaban en los campos designados por la Federación, pero el nuevo equipo juvenil tenía la obligación de presentar un lugar donde disputar sus partidos. Fue cuando por mediación del directivo Acha se consiguió que el Seminario cediera uno de sus campos, asumiendo el Club los gastos de mantenimiento de la instalación. Entonces, el antiguo polideportivo del barrio pasó a ser su sede.

En el Seminario, en el primer lustro de los años setenta, se jugaron grandes partidos de fútbol. Todavía se recuerda la gran asistencia de afi­cionados para ver encuentros contra equipos como el Mundaiz, que por entonces tenía en sus filas a un portero que empezaba a despuntar: Vicente Biurrun. En la misma categoría de juve­niles, liguilla clasificatoria para el ascenso, la visita del Bergara hizo necesaria la presencia de “boinas rojas” en las puertas del campo para controlar la masiva entrada de público. El preámbulo de estos enfrentamientos siempre era el mismo: los jugadores del Ariznabarra se cambia­ban en el polideportivo viejo del barrio, al igual que los árbitros, e iban calentado hasta el Seminario, cuyas casetas sólo eran empleadas por los jugadores del equipo contrario.
Con el paso del tiempo se hizo necesario buscar un enclave dentro de Ariznabarra donde todos los equipos de la entidad celeste pudieran disputar sus encuentros. Ese nuevo terreno de juego llegó siendo alcalde de Vitoria José Casanova Tejera. El primer edil de la ciudad marcó los terrenos del actual campo de fútbol, cuyas obras comenzaron de forma inmediata sufragadas, en su totalidad, por el consistorio Vitoriano. De esta manera se cumplió el sueño de contar con una instalación donde centrar la actividad del Club.
El campo, de estrechas dimensiones, vivió una ampliación fantasma en 1980. Una ampliación vista y no vista. Aquel año, el Ariznabarra deci­dió ensanchar su feudo comiendo cuatro metros de terreno a las zonas aledañas, compuestas en su mayor parte por un relleno de escombros. La obra se ejecutó sin permiso del Ayuntamiento. Ante tal situación, los técnicos municipales obligaron a dar marcha atrás al proyecto. Con ese hacer y deshacer, el Club se gastó casi cien mil pesetas: cuarenta y ocho mil de excavadora para el movimiento de tierras con el que ampliar el campo y otras tantas para pagar los camiones que llevaron la tierra de relleno con la que dejar el terreno de juego tal como estaba en un principio. Resuelto el entuerto, al poco tiempo, el Ayuntamiento ensanchó el campo por su cuenta y le puso gradas.
A principios del nuevo milenio, el campo de fútbol municipal del barrio fue una de las primeras instalaciones municipales en cambiar su colorido, pasando del marrón de la arena al verde del césped artificial. Actualmente nuestra sede cuenta con 4 vestuarios de jugadores y uno para los árbitros; una sala de fisioterapia, una sala de reuniones, un almacén para al material y una moderna grada con capacidad para casi 500 espectadores sentados que son testigos cada fin de semana de una media de 10 partidos. El continuo crecimiento del club hace necesario una urgente ampliación de las instalaciones y mientras esto sucede, lamentablemente nuestra escuela de futbol (9 equipos) tiene que celebrar sus encuentros amistosos en otras instalaciones municipales de Vitoria-Gasteiz.

 

Las señas de un Club

Azul celeste y blanco son los colores oficiales del Club DeportivoAriznabarra. Ambos identifican toda una trayectoria de cuarenta años y esconden las señas de identidad de un club surgido gracias a la iniciativa de unos amantes del fútbol y al dinero que el alcalde del barrio, Víctor Alvarez, destinó hace un cuarto de siglo al deporte. Las 54.000 pesetas que aportó a sus vecinos sirvieron para poner en marcha el club y adquirir la equipación necesaria.
Las camisetas y culotes se compraron a Venancio Aguirre quien, por lo visto, sólo contaba con una equipación completa distinta a las usadas por otros equipos de la ciudad, con los pantalones blancos y la zamarra celeste. Sin posibilidad de elegir otra indumentaria, ambos colores se convirtieron en los oficiales del Club. Con el problema de la equipación resuelta, surgió también la necesidad de diseñar un escudo que identificara a la nueva escuadra.

 

Esta fue labor de Justo Ruiz, padre del que fuera jugador del Athletic. La iniciativa corrió a cargo del directivo Jesús Diez Fernández de Retana. “El escudo lo hicimos entre los dos. Le dije que tenía que ser parecido al del Barcelona. Y así lo hicimos. Fuimos a su casa y el se puso a dibujarlo. Justo tenía buena letra. El se encargaba de escribir todos los domingos la quiniela que se ponía en el bar Mendizorroza. De esta manera el Ariznabarra vio nacer su escudo. En el viene escrito su nombre. Primero aparecía con “v”, letra que posteriormente cambió por la “b”.La directiva actual decidio crear el Escudo de Club Deportivo Etxezarra Zuria por necesidades surgidas en las diferentes competiciones que juegan nuestros equipos.

 

Pinceladas de un barrio

La década de los cincuenta llegaba a su final cuando en las proximidades de Vitoria, entre la carretera de Castilla y el camino viejo de Zuazo, comenzaban a levantarse los primeros bloques de viviendas de lo que iba a ser la “barriada” de Ariznabarra. La firma constructora Ugara llevaba adelante este proyecto de edificar 300 pisos sobre un polígono de 21.000 metros cuadrados, contribuyendo a resolver el problema de la vivienda que por entonces también sufría Vitoria.
La calle Ariznabarra era la arteria principal del nuevo barrio de la que partían otras tres más con nombres dedicados a castillos alaveses: Castillo de Quejana, Castillo de Guevara y Castillo de Ocio. Eran las primeras edificaciones de una zona residencial destinada a gente “de condición humilde”. Así lo anunciaba la prensa local de la
época al hablar de las ventajosas condiciones de venta de las viviendas “libres de impuestos y exentas de contribución durante 20 años… con una aportación de 30.000 pesetas a la firma del contrato y otras 19.309 a satisfacer en dos plazos… la aportación mensual es de 821 pesetas. Con lo que, al cabo de cinco años, queda hecha la amortización” (Revista Fin de Año 1961).
Pero el nacimiento de Ariznabarra no se vio reflejado en plano de Vitoria. Allí no apareció hasta bien entrada la década de los setenta, con la segunda urbanización realizada al amparo del Plan General de Ordenación Urbana. Por esa omisión, Ariznabarra se ganó el apelativo de “barrio pirata”, todavía recordado por muchos de sus vecinos.
Con el paso del tiempo, Ariznabarra se ha convertido en una de las principales áreas de expansión de Vitoria. Las trescientas familias que la moraban en sus inicios se han multiplicado por diez y sus calles se han extendido a lo largo y ancho del triángulo delimitado por las calles Portal de Castilla, Pintor Teodoro Doublang y Teodoro González de Zarate. Nuevos edificios como la sede de Cruz Roja, el funcional polideportivo o el centro comercial conviven junto a otros ya históricos como la casa Etxezarra, donde pernoctó Napoleón, o la Iglesia de San Pablo, construida en 1962 sobre un proyecto de Enrique Marimón y Ramón Azpiazu. Dos millones y medio de pesetas costó el templo religioso cuya construcción fue impulsada por la Acción Católica Nacional de Propagandistas. Tampoco caen en el olvido el popular restaurante de la Antonia o el viejo polideportivo reconvertido en centro cívico. Estas son algunas de la señas de identidad de un barrio que en los últimos cuarenta años ha crecido junto a su equipo de fútbol.

El Club Deportivo Ariznabarra ha alcanzado su mayoría de edad al mismo tiempo que vivía grandes cambios. De la campa de entrenamiento y del Seminario ha pasado a su actual terreno de juego, el campo municipal que el Ayuntamiento construyó hace casi dos décadas. Un terreno de juego de arena, con vestuarios, situado en la calle Ariznabarra, frente al que se levanta una de las casas más viejas del barrio, donde tienen sus locales la asociación de vecinos y el propio Club.

 

Presente y futuro

El C.D. Ariznabarra es el club convenido de referencia de la “Real Sociedad” en la ciudad de Vitoria-Gasteiz, aportando una gran cantidad de jugadores tanto al centro de tecnificación que el histórico club donostiarra tiene en nuestra ciudad como a su prolífica cantera de Zubieta.